Max and Iggor Cavalera return to ROOTS con Crisix


Max and Iggor Cavalera return to ROOTS
  Sitio: But, Madrid
  Fecha: Wednesday 23.11.16
  Fecha de la publicación: Miércoles 23.11.16
   Organizador: Route Resurrection

  Reseñado por: Alejandro C.

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Lunes 7 de noviembre, frío considerable y un evento al que se le llevaba semanas dando bombo; los hermanos Max e Iggor Cavalera decidían hacer una gira tocando íntegramente el álbum del cual se cumplen en la actualidad 20 años, disco que supuso para la banda el éxito masivo y los encumbró al mainstream, (previamente ya eran bastante venerados en el mundillo por haber sacado obras maestras del género como Schizophrenia, Beneath the Remains, Arise o Chaos A D; piezas clave para un servidor en cualquier discografía que se precie).

A decir verdad, personalmente no acogí la idea de acudir al evento con mucho entusiasmo, pues el mencionado disco para mí fue más bien decepcionante (original en cuanto a la fusión que proponía, pero después de un Chaos A.D mi cara al escuchar Roots fue un poema) y creo que a partir de dicho trabajo empezó la decadencia de una banda que, hasta el momento, para un servidor era una pieza clave.

Sin embargo, la opción de poder ver en directo a dos músicos que tanto han aportado a la escena y que a hasta hoy no había tenido oportunidad de ver propició que nos plantáramos en la sala But, (referencia del pijerío madrileño), para presenciar cómo los hermanos Cavalera, tras un nuevo intento fallido de reunirse con sus excompañeros, (tras jurar y perjurar hace años que no volverían a tocar juntos), plasmaban en directo Roots. Fue a modo de aniversario y de manera íntegra (algo inusual sin duda alguna, máxime cuando Mr. Max Cavalera tiene bandas a las que atender sin necesidad de vivir en un eterno recuerdo de su pasado).

Los encargados del calentamiento fueron los catalanes Crisix, banda de la que había oído hablar en muchas ocasiones pero que, hasta la fecha, no me había detenido a escuchar. El motivo no va más allá del ámbito personal puesto que a mi forma de ver este resurgir del Thrash Metal que se lleva dando desde unos años atrás no me seduce lo más mínimo, el género, como lo están relanzando, ya tuvo su fecha y su momento, y salvo uno o dos ejemplos concretos me es indiferente. Sin querer fijar un punto de discordia no voy a dejar por ello de elogiar a una banda joven, que se está abriendo camino en un mundo cada vez más difícil y que a tenor de lo que vi esa noche se entregan al máximo, con ganas, ilusión y fuerza en sus shows. De hecho, ya tienen tres discos en el mercado y lo cierto es que todo comentario positivo que se les dedique es acertado y se merecen su actual posición y seguir subiendo, aunque su estilo no sea lo mío. La gente disfrutó de lo lindo y muchos de los presentes coreaban sus temas así que fue agradable que los teloneros no fuesen indiferentes en esta ocasión, aunque personalmente creo que su propuesta no casaba mucho con los cabezas de cartel ese día, (que presentaban un disco que en su día resultaba más contemporáneo).

Tras la descarga de Crisix el escenario se decoró para la ocasión. Pantalla de fondo con la inquietante portada de Roots, la bandera brasileña sobre los amplis del lado derecho del escenario (detalle feo pues ya con la descarga de Crisix allí que estaba plantada; orgullo de patria supongo, aunque ya no vivan allí, curioso) y la gente totalmente receptiva a lo que se les venía encima; imagino que convencidos ellos de que a fecha de hoy es lo más cercano a unos Sepultura originales. Al escenario que saltaban los hermanos Cavalera, junto con Johny Chow al bajo y Marc Rizzo a la guitarra solista, (o guitarra a secas podría decirse, algo que explicaré posteriormente). La gente en pleno éxtasis Max hace su breve, pero efectiva presentación y "Roots Bloody Roots" pone todo patas arriba, y así se fueron sucediendo los temas del Roots, en el mismo orden y con un sonido muy correcto. La velada contó con momentos de júbilo máximo, (como los protagonizados por la mencionada "Roots" o por la machacada "Ratamahatta") pero donde más lo gocé fue con "Attitude", que les quedó francamente bien, o con "Dictatorshit", que mostró los orígenes Hardcore y verdaderamente underground de los protagonistas.

Tras desgranar el disco que cumplía años se retiró la banda y yo ya esperaba con inquietud los bisses ya que pensaba que habrían dejado algunos clásicos para el final. Clasicos que también editaron con el álbum que cumplía años. Decepción absoluta pues se dedicaron a tocar varias versiones. La primera de ellas era obvia y sin arriesgar en demasía. "Procreation of the Wicked" de Celtic Frost, (que ya se incluyó en reediciones posteriores del álbum). Tras ella, homenaje al difunto Lemmy con "Ace of Spades", trillada hasta la saciedad y una opción sin duda muy poco original, (una banda como Motörhead tiene una extensa discografía; mismamente podían haberse lanzado con un "Orgasmatron", que ya tocaban con Sepultura cuando estos eran los mastodontes que eran). El final no pudo ser más aberrante, cuando se lanzaron a tocar nuevamente "Roots Bloody Roots" pero en versión acelerada en un intento por tocar verdadero metal extremo, como queriendo demostrar que es ahí a donde pertenecen, (cosa de la que siempre hicieron gala y siempre se quedaron un escalón por debajo, por muchas camisetas de Napalm Death y demás combos brutales que luciera Max Cavalera), resultando una versión penosa, que parecía más propia de una banda novel que intenta rellenar un hueco de tiempo en escena que de unos profesionales con batallas a sus espaldas. Una forma lamentable de terminar con tan sólo una hora y veinte en escena, y con una entrada que no era barata precisamente. La banda se vuelve a retirar y da la impresión de que van a volver a escena, pocos son los que se mueven, pero finalmente se encienden las luces y todos para casa, que hacía frío y no eran horas para ser un día entre semana. No hubo clásicos de Sepultura, hay que reservarlos para los directos de Cavalera Conspiracy y Soulfly. Así son las cosas.

Conclusiones: ¿Sensación de que nos han tomado el pelo? En parte sí. Personalmente no vi a la banda muy apasionada en escena. Max Cavalera es cercano como perro viejo que es sabe alentar a las masas y estrechó las manos de las primeras filas, pero Iggor Cavalera me dio la sensación de no tener muy claro si estaba en el sitio correcto. Johny Chow y Marc Rizzo tienen asumido su papel de meros acompañantes y que están ahí para dar soporte a los hermanos Cavalera. Eso sí, más le vale a Max Cavalera mimar a Marc, ya que además de ser un grandísimo guitarrista y su mano derecha en todo proyecto que se embarca, suple por completo la ineficacia de Max como guitarrista. Por lo menos antes hacía su papel; a día de hoy yo creo que se cuelga la guitarra como atrezzo -porque apenas ejecuta un tema completo y parece que le cuesta trabajo, y lo que tiene que ejecutar son ideas simples, rítmicas- y parece que le cuesta, y solo se dedica a ejercer de frontman, donde se desenvuelve con soltura. Resultó un tanto esperpéntico ver como cogía el micro y comenzaba a berrear intentando moverse con fluidez sobre el escenario, ya que con su actual estado físico fue un poco penoso de contemplar, pues era ridículo. Respecto a su labor vocal qué puedo decir, el susodicho cumplió, pero iba varias octavas por debajo y carecía de la rabia de antaño, los años no perdonan y el tocar varios días seguidos no ayuda, aunque hubo momentos en los que sí vimos al Max Cavalera furioso de siempre, pero no fue la tónica de su actuación. Por otra parte, no voy a obviar que mola ver a Max en el escenario casi en trance, sintiendo la energía del público y muy acorde con las corrientes tribales que transpiraban del disco que homenajeaban esa noche, pero la mayor parte de las veces resultó algo muy fingido, excesivamente teatral, siendo un tanto falso.

Me jode sobremanera haberme llevado una sensación agridulce de un músico al que siempre he respetado, pero me parece justo tener los pies en el suelo y no dejarse engañar por fanatismos ni falsos mitos. Estuvo bien ver a una leyenda, (pues se lo ha trabajado para estar donde está hoy) pero en estos términos no fue todo lo satisfactoria que se esperaba, al menos para un servidor.

Que nos la cuelen de esa manera es denunciable, pues es muy fácil protestar por engaños en otros géneros de música y cuando ocurren en nuestro mundillo no se puede mirar para otro lado, ya que se trata de lo mismo. Todo esto se resume en un hecho que para mí no pasó desapercibido: acercarse al puesto de merchandise y ver como ofertaban subirte al autobus de gira a conocer a la banda por el módico precio de 100 eurazos. Lo peor de esto es que más de uno/una lo pagaría. Ahora señor Cavalera hábleme del underground, suponiendo que esa palabra tenga el significado que más de uno se empeña en que tenga. 



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