Asphyx con Graveyard y Decapitated Christ


Asphyx con Graveyard y Decapitated Christ
  Sitio: Bóveda, Barcelona
  Fecha: Saturday 25.04.15
  Fecha de la publicación: Domingo 03.05.15
   Organizador: Malafolla

  Reseñado por: Alexandre L.

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Los conciertos en la sala Bóveda (anteriormente conocida como Mephisto) siempre me han provocado una curiosa mezcla de aprensión y anhelo, una extraña sensación en el estómago que me dice que sí, me lo voy a pasar cojonudamente bien, pero por otra parte voy a sudar, sufrir y cagarme en la madre que parió a varios individuos relacionados laboralmente con el evento. Incontables grupos hemos podido ver en la susodicha, inclusive para aquellos que no somos de la ciudad condal, pero jamás, en los casi doce años que llevo frecuentando la sala, ha sonado ningún grupo de forma decente. Lo único que redime este pesante factor es la comodidad de deambular en desvaríos etílicos por las anchas aceras del barrio de Marina antes y después del evento, así como los obligatorios reencuentros con amigos, colegas, conocidos, borrachos, pesados y pasados de vuelta varios. Cabe decir también que es una sala que facilita la interacción entre público y banda, gracias a un escenario decente y a una única vía de entrada y salida que obliga al respetable y a los músicos mezclarse, voluntaria o involuntariamente.

Me dirigí, pues, con el corazón henchido de alegría y cerveza, hacia la gran Babilonia catalana, en aquella tarde de 25 de Abril de 2015, tripulando un desvencijado Peugeot junto con cuatro compañeros de correrías edetanos. El objetivo de la noche venía siendo presenciar el concierto de los legendarios Asphyx junto con dos bandas paisanas, Decapitated Christ y Graveyard.
Llegamos con la puntualidad suficiente como para tener tiempo de alternar una hora larga, en el bar contiguo a la sala, con los anteriormente mencionados amigos, colegas y conocidos, aunque por suerte todavía sin borrachos ni pesados.

A las ocho y media largas, con puntualidad relativa pero mejor que la mayoría de eventos a los que la Bóveda nos tiene acostumbrados, empezaban Decapitated Christ. Junto con Graveyard, podría decirse que es la banda de Death Metal catalana más consolidada, eficaz y exitosa que hay actualmente. Habiéndolos visto ya unas cuantas veces, ya sabía lo que me esperaba, y Decapitated no fallaron en su entrega: compacto, machacón y violento Death Metal, sin experimentaciones ni parafernalia, aunque impecable en su ejecución. El nostálgico en mí echó de menos parte de la formación antigua: si bien Marcos cumple plenamente con su acometida gutural, yo venía acostumbrado al característico tono de Edu, el anterior cantante, y la otra reciente incorporación, el batería V, se defendió con sobresaliente tras los parches y platos, aún faltándole una pizca de pasión y frenetismo que viene siendo la sal y pimienta de este género.

La mayor pega de los que abrieron la noche fue que, como siempre y por desgracia, todo sonó a gran pelota peluda de sonido: graves disparados ahogándolo todo, unos medios descontrolados que añadían barro a la mezcla, y una carencia casi absoluta de rango alto que hacía casi imposible distinguir las excelentes melodías de Gorth y la voz de Nalghalord. Aún así, disfrutamos de cortes como “Hexenhammer”, “Arcane Rites”  y “Portadores del Infierno”.

Hablando de cantantes, el cuarto tema fue precisamente la guinda en la nostalgia: subieron al escenario un achispado Martin Van Drunen, cantante de Asphyx y Paingrinder, el anterior cantante, para que sonara "Death into the Crypts"; pese a lo precipitado de la situación, supieron contentar y animar a un público todavía frío. A partir de ahí los motores, a medio gas hasta entonces, iniciaron su subida de revoluciones, y tras un setlist de ocho temas, corto, intenso y repasando toda su discografía, los barceloneses se despidieron dejando paso a Graveyard.

La ya veterana banda de Death Metal clásico subió al escenario con una actitud entre despreocupada y destructiva (contextualmente, ninguno de los dos adjetivos tiene connotaciones negativas): sabían lo que iban a hacer, cómo lo iban a hacer, cual sería la reacción de su público y las consecuencias físicas y mentales de su descarga. Pocos grupos desprenden esa mezcla de nihilismo y energía en estado bruto como Graveyard. Conocen su público, saben forjar un setlist impecable y saben usar todas las herramientas de que disponen a la perfección para que el oyente se sienta abrumado y aplastado, y lo mejor de todo es que lo hacen sin despeinarse (figurativamente!), sin mirarse entre ellos como novatos preocupados, sin echar eternos discursos entre tema y tema, sin preocuparse de parecer más duro que tú y que tú y que tú, sin concesiones ni remordimientos ni acordar siquiera un pensamiento al “qué pasará después”. Ellos llegan, sueltan su avalancha sónica como quien va a cumplir su turno, y ahí te aplasten si no sigues su ritmo.
 
Un directo a la altura de cualquier banda europea consagrada, sin lugar a dudas. Los españoles deberían dejar atrás ya el complejo de atraso musical que viene lastrando la escena desde hace tantos años. Graveyard no empezaron el mismo año que Morgoth, ni han hecho tantos conciertos como Grave, ni son tan populares como Bolt Thrower... ¿y qué? Tienen la misma puta calidad, ese rancio olor a HM-2, cerveza caliente y libros de Lovecraft demasiado manoseados. Con el tiempo les veremos de cabezas de cartel en festivales grandes, y se lo tendrán merecido. Con una formación estable y compacta, destaca la voz de Fiar, vocalista de sesión, distando mucho de los registros a los que nos tiene acostumbrados con Foscor, y que actúa como una impía declaración de destrucción por encima del bulldozer sónico que conforman la sección rítmica y las guitarras. Una vez más, el sonido de la sala no acompañó, pero mejoró ostensiblemente del primer grupo al segundo. Temas a destacar: “One With The Dead”, “Altar Of Sculpted Skulls” y “Walking Horrors Of The Undead”.
 
Tras unas pruebas de última hora que se hicieron eternas, salió sobre las tablas la mítica formación neerlandesa Asphyx. Cualquiera que vaya a verlos sabe lo que se va a encontrar: cero parafernalia, cero escenografía, cero espectacularidad. Solamente Death Metal, en estado puro, impoluto, sin ninguna otra pretensión que la de sonar y parecer lo que anuncian. Aunque no quede absolutamente ningún miembro fundador, el grupo aún cuenta con su mente pensante, cabeza visible y marca de la casa, el vocalista Martin Van Drunen, que con su voz única, carisma de turista borracho y presencia escuálida pero distinguible es uno de los frontmans más queridos y valorados de la escena. Le acompañaban, a la batería, Tormentor (de Desaster, Metalucifer y otros) que aporreó los parches con el mismo volumen que el de su cuerpo; el guitarra Paul Baayens, responsable de las composiciones de los dos últimos discos y digno heredero del legado Asphyx, y el simpático y cumplidor bajista Alwin Zuur (Grand Supreme Blood Court).
 
Los holandeses han encontrado la fórmula, la han pulido a lo largo de muchos años y no están dispuestos a soltarla. Mezclando lo machacón, lo violento y lo arrasante en un mismo huracán de distorsión y aullidos, nos regalaron una hora aproximada de delicias Old School en que se mezclaban los temas clásicos con los cortes más pegadizos de sus dos últimos trabajos. Cabe notar una evolución hacia temas más coreables y cañeros (“Deathhammer”, “Death The Brutal Way”, “Scorbutics”) en lo que a la elección de canciones para su directo, respecto a los cortes de sus primeros discos que eran más lentos, atmosféricos y pesados.
Van Drunen soltó algunos de sus desvaríos mezclando fútbol, política, desconocimiento y ganas de ponerse al público de su parte (“los del Barça os merecéis la independencia” y cosas así). En esos momentos la sala empezaba a ser un hervidero de sudores, vapores, cerveza derramada y otros miasmas que hicieron que algunos de nosotros saliéramos a tomar el aire como medida preventiva de salud. Aún así, pudimos ver a Asphyx casi enteramente, sin olvidar el último bis, “Last One On Earth”, con la que se despidieron y nos dejaron con un sabor de boca resabido pero muy agradable. Esperamos con impaciencia su próxima vuelta a España, sin dudarlo.



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